O QUE SIGNIFICA A PALAVRA CULTA

Hay palabras tan trascendientes como ambiguas. Por ejemplo, ‘cultura’, que se utiliza en contextos muy diversos, de la creación artística a la industria o la política. El pensador Javier Gomá nos ofrecy también un análisis de los diferentes usos de esty también concepto dy también gran fuerza simbólica


Àlex Garcia

*

El conocimiento avanza en el momento en que discierne. Allá donde una palabra venía designando algún objeto dy también forma genérica o indeterminada, la inteligencia, penetrante y también incisiva como filo de navaja, sy también complacy también en distinguir nuevas palabras o inventar nuevos significados para referirse más específicamente a la riqueza de matices quy también encierra esy también objeto una vez que es sometido a un análisis intelectual más riguroso. Y a fuerza dy también discernimientos progresivos, la humanidad sy también dota dy también un alegato más amplio y afinado y, finalmente, conoce el planeta con mayor exactitud.

Tu lees esto: O que significa a palavra culta

Pensemos en la palabra amor. Se aplicó antiguapsique tanto al movimiento de los planetas por sus órbitas como a la entrega dy también la propia vida por la patria, la pasión posesiva por otra persona o la cópula de los animales. Esta ambigüedad semántica molesta a la inteligencia, la como apetece siempre dividir el objeto quy también la experiencia le muestra de manera todavía confusa, descomponerlo analíticapsique en sus partes y, gracias a estas operaciones, comprenderlo mejor para, en su caso, dominarlo y transformarlo. Con ese propósito el lenguajy también se esmera por establecer una tabla dy también acepciones de la palabra amor o por añadir, dentro de la misma familia semántica, términos quy también proveen dy también matices o contextos diferenciados de uso: enamoramiento, atracción, sexo, pasión, fidelidad, caridad, deseo, altruismo. Un avancy también dy también esta naturaleza se observa a diario en el terreno científico: aquello quy también los antiguos llamaban, por ejemplo, locura o melancolía, hoy nosotros lo diagnosticamos como síndrome bipolar o enfermedad maníaco-depresiva. La ciencia configura un árbol de términos médicos que, dividdesquiciado en ramas y sub­ramas, organiza la pluralidad de las patologías psí­quicas con elevadísima precisión clínica. Nomenclatura bien establecida que prepara el terreno a la sanación.

Las palabras más trascendientes dy también un idioma y con mayor fuerza simbólica acutilizan una carga dy también ambigüedad superior y por esy también motivo la necesidad dy también distinguir entry también los significados y los contextos posibles sy también hace en estos casos aún más apremiante.

Cultura es, sin duda, una dy también esas palabras trascendentes y ambiguas. Cuando hablamos dy también cultura, ¿qué queremos decir? Observamos que el contexto puede hacer mutar el uso del vocablo, en muchas ocasiones sin elevar esa mutación a un plano consciente entry también los hablantes, lo que es fuenty también de muchos malentendidos o de acuerdos sólo aparentes. Parece útil, en consecuencia, enunciar sus principales usos. Son cuatro.

1. Imagen y también interpretación

decimos cultura occidental y al hacerlo mentamos ese conjunto de creencias y dy también costumbres, decantadas históricapsique y estructuradas en marcos interpretativos, que comparten los miembros dy también una misma comunidad. Decimos cultura vieja o cultura moderna y al hacerlo aludimos a esy también mismo conjunto pero ahora en su dimensión temporal. Aun existiendo elementos comunes, absolutamente nadie negaría que un francés y un chino pertenecen a culturas separadas y que esa pertenencia determina esencialpsique la manera en quy también uno y otro ven el mundo. Lo mismo caby también decir respecto a ese francés en los consecutivo estadios de la historia: la visión de un francés medieval no es igual a la de un francés renacentista, ilustrado, romántico, moderno o posmoderno. ¿Qué hacy también diferente esa visión? La cultura. Al emplear el concepto de cultura en esta primera acepción habitualmente se recurry también a dos metáforas: cultura como imagen del mundo, por un lado, y cultura como interpretación del mundo, por otro. Ambas designan más o menos lo mismo, sólo que la primera pony también el acento en lo icónico y la segunda, en lo lingüístico.

Miramos las cosas a partir de una imagen del mundo, una constelación mental dy también evidencias inconscientes, históricas y de origen social. La imagen del mundo de los hombres dy también la antigüedad no coincide con la imagen del mundo moderna. Los viejos griegos, de mentalidad mítica, contemplaban la Vía Láctea y creían ver manchas de lechy también derramada por Hércules al mamar del seno dy también su madre, mientras que nosotros, los modernos, de mentalidad científica, vemos allá ciertas formaciones de materia quy también llamamos galaxias. Aunque se ­enfrenten a la misma realidad, el francés, con toda la persuasión de una evidencia no problemática, ve un mundo distinto del que ve el ­chino y esa disparidad obedecy también a unas lentes –la cultura– quy también crean para él una óptica particular. Y como ocurre con las gafas para el miope, la cultura no es algo quy también nosotros veamos sino precisamente la condición de posibilidad dy también la visión, aquello que, siendo invisible para nosotros, nos faculta para poder ver las cosas, incluyéndonos a nosotros mismos.

conforme esto, lo quy también vemos dependy también de lo evidente, lo sabdesquiciado dy también lo consabido, el juicio del prejuicio, el conocimiento del previo reconocimiento, la ciencia de la creencia.

La otra metáfora sobre la cultura supony también quy también el mundo es un texto quy también es susceptible dy también ser leído. A esta metáfora –el mundo como libro– dedicó Hans Blumenberg un bello ensayo: La legibilidad del planeta (1981). Siempre quy también leemos un texto lo interpretamos. El mismo texto es leído de manera dispar por personas distintas, aun por la misma persona en momentos sucesivos dy también su biografía. De ahí la pluralidad dy también lecturas a quy también han dado lugar, por ejemplo, la Antígona dy también Só­focles o el Quijote dy también Cervantes. Leerlos es interpretarlos a nuestra ­manera, conformy también a nuestras urgencias vitales y nuestros circunstanciales condicionamientos ambientales. No hay una sola lectura única o auténtica de estas obras, porque, por su propia naturaleza, estas sy también abren a muchas interpre­taciones.

No otra cosa sucedy también con el planeta real en el que vivimos, nos movemos y existimos. El planeta entero –desdy también los minerales siendo supremo pasando por los estadios intermedios– se parece a uno de esos libros ocasionados a una pluralidad dy también interpretaciones posibles. Y nosotros estamos condenados a conocerlo no de manera directa –no existe un conocimiento auténtico, puro o directo dy también los hechos–, sino más bien mediante esy también rodeo quy también son las palabras que lo interpretan. Y las palabras del lenguajy también natural y cotidiano, a las quy también están adheridos sentidos y significados con los quy también construimos nuestra interpretación –palabras como justicia, dignidad, valentía, verdad o belleza–, no las hemos creado nosotros individualmente, las tomamos prestadas dy también nuestra lengua materna: el francés, el chino. De manera quy también absolutamente nadie conoce en rigor la realidad desnuda quy también experimenta día a día (la cosa misma), sino más bien que la ley también y la interpreta, y ambas operaciones las realiza dentro del cosmos lingüístico dy también su lengua materna, la como enmarca el número limitado dy también interpretaciones posibles del mundo para un individuo de esa comunidad y de esy también tiempo (un francés dy también hoy, un chino dy también hoy). Decimos cultura francesa o cultura china y con ello nos referimos, pues, a esa interpretación general del planeta quy también la mayor parte dy también los franceses y de los chinos comparten por el hecho de emplear exactamente la misma lengua para comunicarse entre ellos y para comprendersy también a sí mismos.

Lo quy también afirmamos sobre la metáfora de la imagen ha de repetirse ahora respecto a la metáfora dy también la interpretación: que la cultura, en esta primera acepción, nos permite conocer mas apenas la conocemos a ella misma. Nos estructura la mente y el corazón, pero la estructura misma permanece muda, a la espalda, trabajando en silencio. De ahí quy también al francés la interpretación francesa del planeta le parezca la más natural, no menos quy también al chino la suya. Y a cada uno, en cambio, la del otro le suscity también una sensación de extrañeza.

2. Las obras

Llamamos asimismo cultura a determinadas obras producidas (poiesis) sin finalidad utilitaria, principalmente para el entretenimiento, el placer desinteresado, la instrucción estético-moral o el conocimiento puro. En ocasiones esas obras son creadas por una colectividad anónima (el pueblo): refranes, cuentos, romances, epopeyas orales, canciones o fiestas populares. Pero, aunque la línea quy también separa la cultura popular de la culta sy también ha demostrado menos nítida dy también lo quy también ya antes sy también creía, en la mayor parte de los casos llamamos cultura, en esta segunda acepción, a obras artísticas –obras de literatura, dy también música, artísticas, filosóficas o científicas– con autoría personal.

En la primera acepción, pues, la cultura pertenece a la totalidad de los miembros dy también una comunidad dada (todos ellos sin excepción comparten una imagen-interpretación del mundo), mientras que en la segunda, en cambio, el término sy también reserva a las obras confeccionadas por una pequeñísima porción de individuos de esa misma comunidad: poetas, novelistas, dramaturgos, filósofos, pintores, escultores, arquitectos, cineastas, compositores, científicos. En la primera acepción, la cultura se identifica con una visión inconsciente, impersonal y natural del mundo, mientras quy también en la segunda la cultura es el resultado del trabajo intencional, personal y artificial –elaborado conforme a las reglas del arte– del autor dy también la obra. En esty también segundo supuesto, el sector de la cultura, lejos dy también extendersy también universalpsique a toda la condición humana, sy también contrae a una exigua minoría: todo el mundo interpreta el mundo, pero solo unos pocos escriben una novela, enuncian una ley científica o componen una sinfonía.

En efecto, la inmensa mayoría de los ciudadanos espera ganarse la vida practicando una profesión o un oficio: producen mercancías o prestan servicios para satisfacer una demanda del mercado, el cual les retribuye en pago por su prestación. Sólo una exigua minoría, en cierto apreciado extraviada del cauce general, siente la necesidad interior de dedicar las mejores horas del día, los mejores días del año y los mejores años dy también su vida a algo quy también nadie les ha demandado: la obra ­literaria, artística o científica. Naturalmente, estos literatos, artistas o científicos también aspiran a ­ganarsy también la vida dy también alguna manera. Pero tan pormenorizada dedicación a una obra no tieny también por finalidad prioritaria poner una mercancía más en el mercado para ganarse el sustento. Respondy también más bien a un enamoramiento privado por la perfección quy también el creador de la obra imagina íntima a esta aun antes dy también crearla.

El fenómeno dy también absorción total del autor por la amorosa gestación de esta clase dy también obra reciby también el nombry también dy también vocación. Sy también sienty también el autor llamado a aplicar la totalidad dy también sus energías creadoras a producir una obra original y nueva movido por una fascinación cara la dignidad que intuye en ella, sin que en su pretensión esté, en primer lugar, el ­cálculo del precio quy también quizá algún día reciba a cambio. Saby también que su obra será vendida, mas en el creador vocacional este es un efecto reflejo con respecto al propósito principal: enriquecer el mundo con una forma de perfección ya antes no existente.

Las obras más perfectas producidas por esta minoría atraen, con el paso del tiempo, en ocasiones no sin vacilaciones iniciales, la admiración de las personas dy también buen gusto y, después, suscitan la aclamación general dy también la sociedad, quy también las reciby también como modelos y las integra con orgullo en el glorioso canon patrio. La metáfora lingüística de la primera acepción de la cultura presentaba esta como una interpretación del planeta formada por palabras del lenguajy también natural que cada individuo toma en préstamo dy también la sociedad. Ahora bien, esty también lenguaje se halla en permanente mutación, como la sociedad misma. ¿Quién fomenta esa renovación? Esos pocos hombres y mujeres dominados por una vocación inútil, que enriquecen el caudal del lenguaje común fundando nuevas palabras o inventando nuevos significados para estas. Mediante esa tarea innovadora, dicha minoría contribuyy también a actualizar la futura interpretación del planeta de la comunidad: definen el diccionario de las palabras que tomarán en préstamo las generaciones venideras.

Como escribe Mallarmé en Ly también tombeau d’Edgar Poy también , el cometido del poeta es, en último término, “dar un apreciado más puro a las pa­labras de la tribu” ( donner un sens plus pur aux mots de la tribu). Pureza entendida acá como palabras despojadas dy también anacronismo. Pureza, en fin, como contempo­raneidad.

3. La industria cultural

Otras veces hablamos dy también cultura –tercera acepción– en el sentido dy también industria cultural. El mercado es el lugar del intercambio dy también mercancías. El creador vocacional generó la obra atendiendo principalpsique de forma perfecta y la dignidad dy también esta, anticipadas en su seducida imaginación. Pero, una vez terminada, dicha obra en la mayoría de los casos sy también pone en venta y, desdy también esy también momento, sy también asimila a una mercancía y sy también somete a las leyes del mercado. Y promoviendo los intercambios, en la cadena de distribución y venta dy también bienes culturales, aparecen entonces las empresas mercantiles quy también operan en este sector, como editoriales, casas dy también subastas, galerías de arte, teatros, salas dy también concierto y dy también cine.

La sociedad mercantil persigue el lucro y el máximo beneficio empresarial a través de los intercambios de bienes a los que, como cualquier otra mercancía, sy también les pony también precio. A esta ley no son excepción las empresas que ofertan bienes a los consumidores culturales. Cierto quy también los trabajadores de este concreto sector acostumbran a ser individuos receptivos a la dignidad de las obras culturales, admiradores de su perfección y amigos dy también tratar con sus autores y con personas refinadas deseosas de adquirir esas obras, poseerlas y disfrutarlas (libreros bibliófilos, anticuarios coleccionistas, empresario musical melómano, etcétera). Mas la empresa, si quiere seguir funcionando en mercado, anty también todo ha dy también procurar hacerse viable y saber poner precio a las obras, convertirlas en mercancía, vender el mayor número posibly también dy también ellas y obtener un honesto ingreso en el intercambio.

Ver más: Descubra Como Tirar A Oleosidade Do Cabelo Com 10 Fórmulas, Como Tirar A Oleosidade Do Cabelo: Melhores Dicas

Al saltar del taller al mercado, la obra soporta la tensión entry también dos polos antagónicos: por un lado, la fidelidad del creador a la vocación y su devoción de manera perfecta de la obra; por otro, la ley del mercado, los usos del negocio y el máximo beneficio empresarial. La tensión, en fin, entre lo quy también tiene dignidad y lo quy también tiene precio.

Dicha tensión se mantuvo en un término dy también equilibrio durante muchos siglos porque, en sociedades escasamente alfabetizadas, el mercado dy también la cultura había sloco tradicionalmente nacional y elitista, limitado a un consumidor ilustrado y mayoritariapsique acomodado. Pero en el último medio siglo esty también equilibrio sy también ha deshecho a consecuencia de la mundialización del mercado y de la democratización del público.

A fines del siglo XIX, por ejemplo, sólo una minoría letrada y cultivada podía leer una novela y era potencial compradora dy también ella. A fines del XX, la seriy también dy también Harry Potter sy también ha vendorate en todos y cada uno de los rincones del mundo, después de una campaña publicitaria a escala planetaria que recurry también a todas las formas imaginables de mercadotecnia, incluidas costosísimas y espectaculares producciones dy también Hollywood. Dickens ganó dinero con sus novelas mientras quy también J.K. Rowling con las suyas se ha transformado en una de las mayores fortunas de su país y ha disparado las ventajas de múltiples empresas que han negociado los derechos dy también su obra.

No es un caso único. El mercado cultural ya no es minoritario y elitista; ahora es global y masivo, como pueda serlo el financiero o el dy también automoción. Las empresas multinacionales han abandonado su respeto o su trauxiliar indiferencia cara la cultura (cuya producción en muchos aspectos proseguía todavía patrones artesanales), han colonizado su territorio y han hecho de ella una una parte de la muy rentably también industria dy también entretenimiento. Y es de esta manera como sy también ha extendloco a la cultura, ya antes regida por la racionalidad dy también la vocación, esa otra racionalidad característica dy también este tipo dy también industria: la rápida circulación de mercancías efímeras, el valor positivo dy también la novedad, la espectacularidad mediática y, en último término, la sacralización del éxito entendorate como el máximo volumen de ventas (best seller).

Como la cultura puede llegar a generar extraordinarios beneficios empresariales, la industria producy también ahora mercancías diseñadas desde su origen para ser colocadas y vendidas en esty también concreto mercado, siguiendo un proceso parecido al observado en los otros mercados más convencionales. He aquí el peligro de mixtificación. Nada quy también objetar en absoluto a la existencia de la mercadería cultural, un bien dy también consumo como otro cualquiera: unos zapatos, un ordenador, un viaje turístico. El inconveniente residy también en el intento dy también la mercadería cultural dy también usurpar el halo de la auténtica cultura; es decir, quy también lo hecho por precio sy también presente ante el público como revestido del aura de una dignidad que no le corresponde.

Pensemos en el formato libro. En el mismo estanty también de novedades de una librería pueden convivir un poemario escrito durante una larga década, demorada y delicadamente, por un autor al que ly también va la vida en todos y cada verso y, junto a él, la última novela histórica firmada por un presentador de un concurso dy también televisión y compuesta por un equipo dy también redactores después de tener en cuenta las recomendaciones del departamento dy también ventas del sello editorial y las encuestas encargadas sobry también el cambiante gusto dy también los lectores y las tendencias generales dy también lectura. Aunque su naturaleza es contrapuesta, ante el público los dos presentan la misma forma de libro. Es más, comparten exactamente los mismos canales de distribución y venta, y a veces hasta la misma página en el suplemento literario quy también los ­reseña.

4. Política cultural

Por último, cuando sy también pregunta por la cultura, la noción que sy también alumbra en la mente, en ciertos contextos, es la política cultural.

La tipología clásica dy también la acción de las administraciones públicas distingue tres modalidades: acciones de policía, de fomento y de servicio público. Aplicados estos tres tipos a la política cultural, la legislación sobry también la materia, la vigilancia del sector y la potestad sancionadora son ejemplo dy también actividad de policía; lo son dy también fomento las subvenciones, las becas y los patrocinios; y de servicio público, la gestión de museos, auditorios, teatros, bibliotecas, orquestas y compañías dy también titularidad pública, el cuidado del patrimonio histórico-artístico o la organización de ferias y festivales.

Toda actuación pública, conformy también al ordenamiento jurídico, ha dy también estar encabezada por el principio del interés general. El interés general, en esta cuarta acepción dy también la cultura, sy también define en función dy también las dos anteriores. Desde esta perspectiva, la misión dy también las diferentes administraciones culturales debería ser la de propiciar las condiciones favorables para la creación dy también obras culturales (acepción segunda) y para su conservación, distribución y difusión empresarial (acepción tercera). Aunquy también obligada a ajustarsy también a unos presupuestos, la política cultural, a diferencia dy también la industrial, se halla libry también dy también la servidumbry también de la rentabilidad económica, por el hecho de que su mira es exclusivapsique la rentabilidad social. Si, por un lado, este privilegio le otorga un espacio para la independencia, por otro, en cambio, sy también halla siempry también en riesgo de perderla. Porque la acción administrativa se subordina, de hecho, a las estrategias y prioridades del partidismo político, regulado por la ley del amigo/enemigo, el corto plazo dy también una legislatura y la racionalidad electoral.

La política cultural suscita la interesante cuestión teórica de su propia legitimidad: mientras que haya en una sociedad un solo desempleado, ¿por qué no aumentar la partida de las posibilidades públicas por desempleo en vez de subvencionar el teatro de ópera? mientras que un solo ciudadano carezca dy también una residencia digna, ¿cómo explicar la restauración dy también monumentos medievales o la financiación dy también los observatorios astronómicos? Antes, casa y alimento, después todo lo demás, argüirán algunos.

Esta objeción, a simply también vista convincente, invita a introducir la distinción filosófica entry también valores con peso y valores con altura. Pues en la contextura dy también la vida personal no nos hallamos con un ya antes y un después, sino más bien quy también los valores de más peso (los más elementales, los económico-sociales, como la comida o la vivienda) conviven inseparablepsique con los de más altura (la belleza, la perfección). No es exigibly también agotar exhaustivapsique todos y cada uno de los valores más pesados para elevarsy también a los más altos, por el hecho de que estos últimos son los que, con su dignidad, prestan sentido existencial a los primeros. Puesto que no se trata solo dy también sobrememorar como especie, sino dy también vivir como individuos con rectitud y nobleza, que es lo quy también hacy también la vida digna de ser vivida.

El Estado ha de atender esta dobly también dimensión dy también sus ciudadanos al mismo tiempo, sin permitir que lo urgente sy también llevy también por delanty también lo más noble con la coartada de que esto último puedy también esperar. La mayor partida dy también los presupuestos públicos, en todos los estados conocidos, se endereza a satisfacer las necesidades básicas, pero sin excluir otras partidas dy también política cultural. Y esto por el hecho de que si la política cultural propicia la creación de obras por sus autores (acepción segunda) así como su difusión y distribución en la sociedad (acepción tercera), a largo plazo favorece el avancy también del –en concepto de Norbert Elias– proceso de la civilización, dando lugar a una más refinada, más culta y más inteligenty también imagen-interpretación del mundo de los ciudadanos (acepción primera). Y entre todas las acciones públicas imaginables, ninguna podría exhibir mayor interés general quy también esta.

Conclusión

He aquí, pues, las 4 formas primordiales de decir cultura. Por descontado, son formas ideales y en la experiencia nos encontramos personas o instituciones quy también encarnan con gran pureza alguna de esas cuatro formas, mas más frecuentemente una hibridación de múltiples dy también ellas. Todos conocemos maestros en una de las bellas artes quy también demuestran serlo adicionalmente en el arty también de ganarsy también la vida y dy también autopromocionarse como el más industrioso de los empresarios lo haría con uno de sus productos en venta. Hay quienes sienten su vocación, pero esta no les interpela con una intensidad tal que absorba la totalidad de sus energías y en consecuencia llenan su vida con otras ocupaciones que no redundan en obra propia sino más bien que giran cerca de la de terceros. O aquellos otros que sí experimentan una vocación totalizadora, pero su fidelidad a esta sy también resfría por la seducción dy también un éxito rápido, una notoriedad mediática pasajera o la ansiedad de un buen contrato mercantil. Puede ocurrir quy también una obra, fruto excelenty también dy también una genuina vocación, obtenga un éxito sensacional dy también ventas: la dignidad sy también alía entonces con el precio y la industria explota la vocación hasta prácticamente extenuarla. Una alianza dy también este tipo se observa, por ejemplo, en la incesante reedición de los tradicionales de la literatura universal, quy también sy también definen por ser auténticos long sellers. Por último, no debe faltar la mención, como expresión eminenty también de ese mestizaje de formas, dy también la actividad quy también llevan a cabo las fundaciones culturales y otras instituciones análogas del sector no lucrativo: participan dy también las técnicas dy también gestión industrial mas idealmente les anima un interés general, no privado, análogo al que, por ley, han dy también seguir las administraciones dy también la política cultural.

Por consiguiente, en la experiencia encontramos las 4 formas ideales y sus mezclas. Con todo, la clasificación expuesta mantiene su utilidad. Por el hecho de que la contestación a la pregunta por el estado dy también la cultura dependy también de forma directa de cuál de las 4 acepciones dy también la palabra sy también esté empleando en ese momento. Cada una de las 4 formas posee su propia racionalidad, sus leyes distintivas, sus finalidades específicas. Y también su tempo. El tiempo de la industria cultural lo marca el balance anual; el dy también la política, los 4 años dy también la legislatura; el de la vocación, la vida entera del creador quy también se consume a fuego lento en la gestación dy también la obra; la nueva interpretación del mundo, finalmente, tarda generaciones en cristalizar.

De esta multiplicidad de acepciones y tempos nacen muchos malentendidos en los discursos sobre la cultura, lo que invita a recurrir al discernimiento dy también la inteligencia. ¿en qué situación sy también halla la cultura?, nos interrogan. Habría quy también contestar dy también forma diferenty también conforme sea el apreciado con que sy también usa la palabra. ¿de qué forma le afectó la crisis económica a la cultura? la misma respuesta abierta. El recorte en los presupuestos de las administra­ciones públicas repercute negativapsique en sus actividades de fomento y dy también servicio público (menos subvenciones y becas, menos aportaciones para las instituciones culturales de titularidad pública). La industria cultural, por su parte, en una época de contracción general del consumo, sufry también la merma dy también la demanda, incluyendo la procedente de las administraciones (recuérdesy también que una alta proporción de la industria cultural sigue estando subvencionada).

Ver más: Frases Para Um Amigo Que Morreu, Frases De Luto Para Amigo

En cambio, la inventiva del creador no necesariamente disminuye durante una crisis, aun a veces las circunstancias negativas, quy también lo estrangulan poniéndolo a prueba, avivan su imaginación. Muy severo habría dy también ser el colapso del país para que a un poeta inspirado ly también faltase un folio donde esbozar con un lapicero sus versos. Incluso un músico no precisa más quy también papel pautado para componer una sinfonía. Las dificultades sobrevienen en un segundo momento, en el momento de publicar el poemario en una editorial o, mucho más, de estrenar una sinfonía en un auditorio. Otras manifestaciones de la cultura, como la investigación científica o la producción cinematográfica, exigen por su propia naturaleza una elevada inversión financiera y este requisito añade aún mayor dificultad presupuestaria y organizativa a la dificultad quy también ya es inmanenty también a la obra cultural.

mas quien dy también verdad vive para la cultura y no dy también la cultura, quien, enamorado de la obra presentida en su imaginación, ha admitido consagrar lo mejor de su existencia a algo quy también nadie le ha pedido, quien mantiene su fidelidad a la vocación hasta el final, sin desalentarsy también por las mil injurias del destino, no sy también rinde jamás y acaba superando los obstáculos, por el hecho de que el tiempo conspira a favor de la obra perfecta, adornada de elevada dignidad.