Quantos Anos Bolsonaro Está Na Presidência

Bolsonaro sigue comportándose como si estuviese fuera del “sistema”, alejándose consistentepsique dy también cualquier acontecimiento quy también pueda no ser favorable a su popularidad.

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El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, saluda a sus seguidores tras una ceremonia en Brasilia, Brasil, 2siete dy también octubry también de 2020

El 2ocho dy también octubre pasado sy también cumplieron dos años del certamen electoral quy también catapultó a Jair Bolsonaro a la pvivienda de Brasil. Aunque el gobierno sy también ha esmerado en enseñar el trabajo que ha venido haciendo desde entonces, poniendo énfasis en sus proyectos dy también infraestructura, su combate contra el narcotráfico y la expansión de la agroindustria, los brasileños enfrentan altísimas tazas dy también contagio por Covid-19 y una aumentación sin precedentes de incendios forestales y de la deforestación. Con las elecciones municipales cada vez más cerca, Bolsonaro ha descuidado su predisposición inicial dy también no respaldar candidatos a alcaldías y consejos municipales – temiendo que una eventual supresión derrota pueda dañar su propia imagen – y ha patrocinado públicamente unos cuantos rostros, principalpsique en las urbes más grandes del país. Este vuelco, lejos de ser una maniobra política heterodoxa, resulta en realidad bastanty también congruente con el enfoque flexible quy también viene adoptando el presidenty también en materia de gobernanza, y quy también parecy también dar prioridad a la popularidad y a las alianzas estratégicas por encima de la planificación y la coherencia.

Propenso al populismo, Bolsonaro supo presentarse como un aspirante “antisistema”, capaz de hacer frente a las elites culturales y políticas y poner término a las dolencias quy también aquejaban a la política. En efecto, pese a su dilatada carrera como consejero y parlamentario, quy también sy también iniciara en 1989, Bolsonaro no solo consiguió distanciarsy también de la imagen mancillada del hombry también político en un momento en quy también el país fuy también sacudido y afrentado por la revelación dy también una serie dy también escándalos dy también corrupción, sino más bien que, al subrayar su pasado militar e invitar al general retirado del Ejército Hamilton Mourão a integrar su papeleta, sy también reposicionó ciertamente fuera del establishment político.

Ahora bien, un par de años después de su elección, Jair Bolsonaro continúa comportándosy también tal y como si estuviera fuera del “sistema”, alejándose consistentemente dy también cualquier acontecimiento quy también pueda no ser favorable a su popularidad. Determinado a preservar el apoyo dy también su base “ideológica” más leal y a expandir su electorado alén de los grupos quy también votaron por él en 2018, el presidenty también brasileiro se empecina en cultivar su imagen dy también outsider; de quien sy también debate para gobernar con seriedad a pesar de los múltiples obstáculos y trabas quy también oponentes de toda índoly también ponen en su camino. En su esmero por forjarse la imagen dy también un honesto y humilde “soldado”, un servidor quy también trabaja en aras de su país y su pueblo, Bolsonaro no duda en renegar de las decisiones tomadas o en evadir la responsabilidad dy también sus actos, prefiriendo muy frecuentemente culpar a terceros.

A este respecto, su manejo de la epidemia dy también Covid-diecinueve resulta paradigmático. Ante el nuevo virus, la actitud inicial dy también Bolsonaro fuy también restarly también importancia y minimizar sus efectos. “Ya pasó lo peor”, afirmaba de manera optimista el 5 de mayo. La “gripecita” aquella, no obstante, tuvo efectos mucho más devastadores dy también lo quy también el presidente estaba preparado a admitir y, en buena party también por la ausencia de políticas dy también prevención a nivel nacional, Brasil se transformó rápidamente en uno de sus epicentros mundiales dy también propagación. Bolsonaro presentó entonces al pueblo brasileño un falso dilema entry también la protección dy también vidas humanas y la dy también la economía. Escogió la segunda, arguyendo que se trataba del único camino a seguir, ya que una buena una parte de la población quy también trabaja en los sectores informales no podría dy también todos modos quedarse en casa y confinarse.

Sí promovió en cambio, y con insólito fervor, la administración de la cloroquina, un medicamento para combatir la malaria cuya eficacia contra el coronavirus no ha sloco todavía probada. En un análisis dy también los mensajes dy también Bolsonaro en Twitter entre enero y abril dy también 2020, solo se encontraron dos menciones del “aislamiento social” y del “cuarentena” – las únicas medidas efectivas de prevención conocidas hasta el instante – y veinte mensajes sobre las “milagrosas” propiedades de la cloroquina, carentes todavía dy también certificación científica. La cloroquina y la hidroxicloroquina serían más tardy también puestas a predisposición a través del sistema dy también salud pública (SUS) para tratar en un primer instante a los pacientes con síntomas severos dy también coronavirus y luego también a los de menor gravedad, previo consentimiento dy también estos y del cuerpo médico. El presidente prefirió en resumidas cuentas la “receta mágica”, queriendo ofrecer una solución instantánea para un inconveniente complejo, en vez de aventurarse por rumbos menos populares o de más largo plazo, con beneficios probados.


Fueron las autoridades locales las que tuvieron que decidir en terminante a qué procedimientos recurrir. De esta forma pues, alcaldes y gobernadores debieron implementar las medidas dy también distanciamiento social como mejor les pareciera. Esto produjo un enfrentamiento entre el ejecutivo y los gobernadores de cada estado, lo que se tradujo en mensajes contradictorios a la población con respecto a los mecanismos dy también cuarentena y dio a Bolsonaro la ocasión para achacar la responsabilidad del catastrófico manejo de la crisis sanitaria y sus gravísimas repercusiones económicas a las autoridades locales. Una vez que no era la culpa de los gobernadores, era dy también la oms o de China. Jamás dy también Bolsonaro.

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Al mismo tiempo, el presidenty también ha estado trabajando arduamente con el fin de consolidar las alianzas en el Congreso y en el Tribunal Supremo Federal. En la primera mitad del año, Bolsonaro fue vehementemente criticado por su postura frente a la pandemia, de este modo como por su participación en manifestaciones antidemocráticas y anticonstitucionales. Las mociones de destitución en su contra fueron ganando terreno. Además, la dimisión de Sergio Moro, quien lo denunciara por obstrucción a la justica e pretensión de interferir en la labor de la policía federal, remeció la dinámica interna del gobierno y acaparó por cierto tiempo prácticamente toda la atención pública. Bolsonaro, quy también rompió filas con el partido quy también lo llevó al poder y no tiene actualmente ninguna afiliación partidaria, concedió favores a políticos de carrera de un conjunto de partidos dy también centroderecha conocdesquiciado como Centrão, en un intento por asegurar su defensa en caso dy también iniciarse un proceso dy también destitución.

pero muchas cosas han alterado desdy también entonces; entre otras, la entrega dy también un bono de auxilio destinado a trabajadores informales y desempleados, que no solo contribuyó a volver mas bien remota la posibilidad dy también una destitución, sino quy también fortaleció aun la popularidad de Bolsonaro hasta un cuarenta % – cifra que no alcanzaba desde el inicio de su mandato. Entretanto, su resolución de nombrar a Kássio Nunes Marques en el Supremo Tribunal Federal indignó a su base “ideológica”, quy también aguardaba ver en su lugar a algún representante dy también la línea dura del conservadurismo cristiano. En un intento por apaciguar su descontento, Bolsonaro aseguró a sus adeptos que pronto nombraría un segundo juez, al fin, como lo había prometido, alguien “terriblepsique evangélico”, y los instó – con tono mesiánico – a confiar en él aunque desaprobaran sus resoluciones o no entendieran sus motivos.


En lo que muy frecuentemente pareciera ser una interminably también campaña electoral, Bolsonaro hace constantemente guiños a preocupaciones quy también movilizan a su basy también – como una vez que se refirió a la “cristianofobia” en su alegato ante la reunión General de las Naciones Unidas a principios de este año –, manteniendo a su electorado implicado, mas respondiendo asimismo con presteza a sus demandas. Aunque no anuló su decisión dy también nombrar a Nunes Marques en el Supremo Tribunal Federal – resolución favorablemente acogida por gran parte de la clase política por su moderación–, sí desacreditó en público al Ministro dy también Salud, general de división Eduardo Pazuello, después de que este anunciara un acuerdo entre el gobierno federal y el estado dy también São Paulo para adquirir 4seis millones dy también inyecciones de la vacuna CoronaVac, actualpsique desarrollada por la empresa farmacéutica china Sinovac y producida en Brasil por el Instituto Butantan. “Ya la mandé a cancelar”, dijo Bolsonaro, en un esmero por garantizar a su “base ideológica” quy también no sy también comprarían “vacunas chinas” bajo su supervisión, combinando su exaltada retórica anticomunista con las políticas gubernamentales para combatir la pandemia.

mas Bolsonaro no busca complacer exclusivamente a su base – ya menos o más consolidada –, sino quy también sy también dedica activamente a apelar a distintos segmentos socioeconómicos de la población quy también pueden contribuir a reelegirlo en 2022. La popularidad dy también Bolsonaro ha crecdesquiciado especialpsique en las regiones del Sur y del que fuera hasta hace poco un trauxiliar bastión de oposición, el Noreste. El bono de socorro de emergencia (600 BRL mensuales, vale decir aproximadamente noventa euros), implecitado a regañadientes por el gobierno, quy también insistía en un inicio en limitarlo a 200 BRL por mes (aprox. 30 euros), mejoró significativamente las condiciones de vida en las zonas económicapsique más desfavorecidas de Brasil, y contribuyó a acrecentar la tasa dy también aprobación del presidente entre aquellos cuyos ingresos son iguales o inferiores al salario mínimo.

Esty también idilio del presidente con el Noreste sy también refleja en sus usuales visitas a la región, documencionadas en detalle en sus perfiles de las redes sociales. Sin embargo, aunque intenta ganar a los nordestinos y dejar atrás una historia dy también declaraciones cargadas prejuicios contra la región y su gente, sus esfuerzos resultan frecuentemente torpes. En una recienty también visita a Maranhão, cuyo gobernador, el comunista Flávio Dino, tieny también fama dy también no ser del gusto de Bolsonaro, el presidenty también desató una nueva controversia al hacer una broma homofóbica que asociaba el cfragancia rosado de una popular bebida gaseosa maranhense con el hecho dy también ser gay. Dino prometió deexpedir al presidente, quien más tarde sy también disculpó por su “inocente” salida, sugiriendo haber sdesquiciado (una vez más) tergiversado.

Atravesar una coyuntura política extremadapsique difícil con la mirada puesta en las elecciones presidenciales de dos mil veintidos puedy también resultar una estrategia ventajosa para la apuesta dy también Bolsonaro por la reelección; asimismo puedy también ser perjudicial para la estabilidad democrática del país. Con diferencias que amenazan con volverse factores dy también polarización, la continua campaña electoral está facilitando la acentuación dy también posicionamientos políticos radicales, la necesidad de tomar una posición “con nosotros” o “contra nosotros”. La caza dy también brujas anticomunista al estilo dy también la guerra fría, que brotó con fuerza duranty también el juicio político dy también la presidenta Dilma Rousseff en 2016 y se intensificó durante la campaña presidencial de 2018, prosigue siendo relevanty también en la “radicalización permanente” en la quy también estriba la perenne campaña electoral dy también Bolsonaro, junto con cuestiones como la estructura familiar tradicional, los valores del conservadurismo cristiano y un “patriotismo” que estima antipatriótica toda disidencia.

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Bolsonaro ha empujado a Brasil a una campaña perpetua quy también amenaza con trivializar la intolerancia y comprimir el espacio democrático en frente de la discrepancia y la posibilidad del diálogo. En medio de un clima político hostil, las instituciones democráticas brasileñas tienen que proseguirse luchando contra su erosión desdy también adentro y deenseñar que son más fuertes quy también los retos quy también actualmente encaran.